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Ercilia PepínDe Enciclopedia Virtual Dominicana(Redirigido desde Ercilia pepin)
En los finales del siglo XIX, apenas cinco años después de haber sido fundado por Salomé Ureña bajo la orientación de Eugenio María de Hostos, el “Instituto de Señoritas” de la ciudad de Santo Domingo, nació en Santiago, el 7 de diciembre de 1886, quién había de ser, desde corta edad, la otra estrella refulgente del magisterio dominicano: Ercilia Pepín. Fue Ercilia hija de José Pepín y Edelmira Estrella. Por parte de su padre era sobrina de una legendaria figura de la vida política y militar de aquel entonces, el general Perico Pepín, hombre de extraordinario valor, audaz, con firme poder de decisión, de humilde origen, de color negro, quién desempeñó por largo tiempo durante la tiranía de Ulises Heureaux, alias Lilís, la importante y delicada función de gobernador de Santiago. Poco tiempo después de haber cumplido cinco años quedó huérfana de madre la niña Ercilia. Se encargó de su crianza, a partir de ese momento, su abuela Carlota. La importancia política de su familia le permitió recibir, como caso de excepción, lecciones básicas de ciencias sociales, naturales, matemáticas, francés, física y otras disciplinas, del profesor Salvador Cucurullo, erudito pedagogo empírico, de origen italiano, radicado en la ciudad de Santiago, desde 1896. Con este singular maestro aprendió con bastante perfección el italiano y el francés la joven e inquieta alumna, en la cual se manifestó desde temprano su vocación de maestra. Con apenas catorce años de edad, en 1900, comenzó su carrera como maestra en un curso de niñas del barrio “Nibaje”, de su ciudad natal. Seis años después, en 1906, al cumplir los veinte, es nombrada directora de la Escuela de Niñas del barrio Marilope. En 1908 asume la responsabilidad como profesora de Matemáticas y Ciencias Físicas y Naturales de la Escuela Superior de Señoritas, sustituyendo, entre otros, a su antiguo profesor don Salvador Cucurullo y transformándose, en la práctica permanente de la enseñanza, en una expresión innovadora, severa y eficaz que revolucionó y motorizó el saber en su pequeña comunidad. Ercilia Pepín amaba a su pueblo natal porque era para ella “algo así como una síntesis de la Patria”. Para esos años los vientos renovadores de la escuela racional de Eugenio María de Hostos comenzaban a extenderse por las comunidades más avanzadas del país. La profesora Pepín, receptiva y lúcida, adoptó de inmediato el método implantado por el genial maestro antillano. Sumó a ese método disposiciones que le permitieron organizar mejor la enseñanza y aplicar reglas de disciplina de extraordinaria trascendencia. Fue ella la que dispuso el uso de uniforme escolar por primera vez en la República Dominicana y el uso de un lenguaje respetuoso entre maestros y alumnos, debiendo éstos llamarla por su nombre agregando en primer lugar el título de “señorita”. Impulsó el respeto a los símbolos de la patria, bandera y escudo y motivó para que músicos amigos compusieran himnos y cantos en honor a ellos. Como complemento del método racional de Hostos agregó a la enseñanza de la escuela Primaria Artes Manuales (o Trabajos Manuales como era común decir), Gimnasia y el Canto Coreado, introduciendo también asignaturas como el Dibujo y el uso de Mapas. La mayoría de estas medidas fueron criticadas, al principió, por sectores de la sociedad que no comprendían ni aceptaban las medidas innovadoras de Ercilia Pepín que, con apenas veinticinco años de edad, se había convertido, además de maestra, en una líder cívica de Santiago. Inició el movimiento feminista en el país elevando su voz en defensa de los derechos de la mujer. Al mismo tiempo profundizó su campaña patriótica y nacionalista en promover el conocimiento y el respeto a los símbolos de la patria. Para entonces se había dedicado con firmeza y entusiasmo habitual, a coleccionar animales y plantas y al experimento de disecar aves y animales domésticos. En agosto de 1913, con Mención de Honor, recibe el título de Maestra Normal, en la escuela de su pueblo natal. Se lanza inmediatamente a encabezar una campaña con el fin de que se instale en Santiago un Instituto Profesional de Enseñanza Superior. Por Resolución del Congreso Nacional este inicia docencia en los últimos meses del año de 1915. Entre otras disciplinas se enseñarán allí Matemáticas, Derecho, Medicina, Farmacia y Odontología. Ercilia, enamorada de la medicina, se inscribe para hacer la carrera. Poco tiempo después al producirse la intervención militar de los Estados Unidos en 1916, el Instituto cierra sus puertas. Se suma la distinguida maestra, en posición de vanguardia, a la lucha contra la intervención militar estadounidense. Realiza actividades y dieta conferencias. Habla de Patria. Amor a la tierra donde hemos nacido. Exige que los estudiantes se aprendan el Himno Nacional y que se descubran al cantarlo y enhestar la bandera, extendiendo esas costumbres a todo el resto de la ciudadanía sin importar el sexo o la edad. Repite y levanta, en conmovedor sentimiento, los nombres de los próceres y héroes nacionales significando los nombres de Duarte, fundador de la república y el de Hostos, como el gran maestro del pueblo dominicano. Se niega representar al país en un evento internacional para no ostentar credenciales extendidas por el gobierno militar interventor, representante de un Estado que pisoteaba la soberanía nacional. Ya era para entonces no sólo la primera maestra dominicana, sino también la primera mujer intelectual del país. Fundó en 1920 el “Colegio México de Señoritas”. Es distinguida y homenajeada por figuras intelectuales de la categoría de Fabio Fiallo, Luís C. del Castillo, Félix Evaristo Mejía y Arístides Fiallo Cabral. A ellos se suman Federico y Francisco Henríquez y Carvajal, don Pancho, éste último esposo de Salomé Ureña, a quien admira y glorifica Ercilia Pepín, que sin haberla conocido se ha convertido en la continuadora de su patriótica y beneficiosa misión como educadora. Al producirse la retirada de las tropas interventoras el 24 de julio de 1924, Ercilia Pepín encabeza junto a las autoridades dominicanas el acto de enhestamiento de la bandera nacional en la Fortaleza de “San Luís”. La enseña tricolor había sido confeccionada y bordada por las jóvenes alumnas del Instituto que ella dirigía. Cien damas de la ciudad, arrodilladas, vieron arriar la bandera de las barras y las estrellas y subir airosa la bandera del 27 de febrero de 1844. Cuatro años después, esas núbiles manos, bajo la dirección de su ejemplar orientadora, confeccionaron una bandera de Nicaragua para ser enviada al general de “hombres libres”, Augusto César Sandino, que combatía en su tierra contra las tropas norteamericanas. Singular homenaje de la mujer dominicana a los patriotas nicaragüenses. Hermoso gesto de solidaridad internacional que elevó la figura de Ercilia Pepín como mujer de profunda sensibilidad. En 1925 había sido declarada por el Ayuntamiento “Hija Benemérita” de Santiago. Al año siguiente, 1926, realizó un largo viaje por algunos países de América y Europa regresando a fines de ese año y recibiendo un cálido recibimiento. En 1930 se producen importantes acontecimientos políticos que abren el camino hacia el poder al jefe del Ejército Rafael Leonidas Trujillo . El militar sentía admiración y respeto por la distinguida educadora. En diferentes oportunidades había visitado su casa durante su permanencia en Santiago como oficial comandante y en una ocasión, siendo jefe del Ejército, le había enviado de regalo una cantidad de banderas dominicanas hermosamente confeccionadas. Pero en 1932 al morir víctima de una emboscada criminal, por sicarios del gobierno, el profesor Andrés Perozo, profesor de la “Escuela México”, Ercilia Pepín colocó la bandera nacional a media hasta en señal de duelo. Trujillo, no obstante su admiración por la profesora, ordenó su destitución como directora del plantel. Aunque continuó en sus labores docentes en una escuela privada, enfermó Ercilia de una afección renal. Trujillo se ocupó de ella y ordenó atencionarla como lo había hecho en 1931 cuando costeó los gastos de un viaje al exterior para ser operada en Santo Domingo. Pero esta vez fue en vano. Murió Ercilia Pepín el 14 de Junio de 1939, apagándose con ella la estrella del magisterio que por más tiempo había iluminado el noble terreno de la enseñanza en República Dominicana. |