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Manuel Francisco González Regalado y MuñozDe Enciclopedia Virtual DominicanaNacido en Santo Domingo el 14 de enero de 1793. Sacerdote. Su padre era el Escribano Real Manuel González Regalado y su mamá Juana Muñoz. Se graduó de doctor en derecho canónico en 1818. Se trasladó a Puerto Plata en 1820, después de haber ejercido por breve tiempo en la parroquia de El Seibo y haber impartido cátedra en la Universidad. Independentista. El día en que fue arriada la Bandera Nacional para ser sustituida por la española en Puerto Plata, alguien del gentío que se había congregado en la plaza pública, voceó que nadie se atrevería a bajar de su asta la bandera dominicana. El padre Regalado lo hizo, usando la influencia que ejercía y consciente de que si era él quien bajaba la bandera, nada ocurriría. Dobló cuidadosamente el pabellón nacional y se lo llevó consigo con la esperanza, según dijo, de alguna vez volverlo a izar y verlo flotar libre y glorioso. El padre Regalado pronto cayó bajo sospecha de los españoles y su casa fue de las primeras en ser pilladas e incendiadas en medio de los combates registrados en la ciudad. El 10 de septiembre de 1863 fue conducido bajo custodia armada al fuerte San Felipe y encerrado en el cubo construido en esa fortaleza para martirizar los prisioneros. Del cubo donde sólo pudo permanecer de pie, el sacerdote fue trasladado a una celda de castigo en el vapor español Hernán Cortés, encadenado por los pies a una barra de hierro, forzado a permanecer boca arriba hasta la tarde del día siguiente, cuando fue de nuevo trasladado, esta vez al vapor Ulloa en el cual se le mantuvo durante siete días más. El domingo 20 de septiembre fue remitido a Santo Domingo y de ahí a La Habana, para ser encerrado en la prisión medieval del Castillo del Morro, por tres largos meses, en los cuales sufrió los más groseros e inhumanos atropellos. Volvió a Santo Domingo el 4 de enero de 1864. El Capitán General, que era ya Carlos de Vargas, lo condenó a vivir confinado en la Capital y reportarse periódicamente a las autoridades. Bajo amenaza, debió escribir una carta en la que llamaba a los dominicanos a cesar la guerra y en esas opresoras circunstancias se le mantuvo hasta que fue trasladado de nuevo a Puerto Plata, para el canje de prisioneros que tuvo efecto al fin de la guerra. El sacerdote fue canjeado por un oficial español que estaba en manos de los patriotas. El propio Regalado narró su odisea en un conmovedor escrito recogido en parte por El Propagandista, de Puerto Plata, del 15 de marzo de 1885. Tal narración es incluida en la obra Próceres de la Restauración, del historiador Emilio Rodríguez Demorizi. Regalado se quedó para siempre en Puerto Plata, donde pasó más de cuarenta años como párroco y allí murió en el cariño y la gratitud de su feligresía, el 3 de febrero de 1867. Entre sus escritos se cuentan Memorias a Pluma de Parroquia y El Fuerte de San Felipe de Puerto Plata. |