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Manuel María Castillo MedranoDe Enciclopedia Virtual DominicanaNació el 1º de enero de 1834, en San Francisco de Macorís, fruto del matrimonio formado por Manuel Castillo y Álvarez y Agustina Teresa Medrano. Recibió educación en Santo Domingo, donde vivió hasta acercarse a los veinte años, cuando regresó a su hogar paterno. Era comerciante, dueño de un alambique. Junto a Cayetano de la Cruz, Santiago Mota, Olegario Tenares y otros patriotas pronunció a San Francisco de Macorís el 3 de septiembre de 1863, tal y como lo había hecho su padre Manuel cuando pronunció esa ciudad en respaldo a la proclamación de la República en 1844. Fue designado de inmediato Adjunto a la Comandancia de Armas que instaló su oficina precisamente en el local comercial de Castillo. Viajó a la costa Nordeste en procura de adhesiones a la causa nacional y fue quien logró la incorporación de José Silvano Acosta, en Samaná. Hombre de temple y autoridad, de capacidad de persuasión y con claras condiciones de organizador. Contribuyó a la formación de juntas de gobierno en diversos pueblos de la zona. Supervisó el reforzamiento de Matanzas, ordenó instalar una fuerte guarnición en San Antonio del Yuna, hoy Villa Rivas, y el envío de fuerzas al Cotuí. El 30 de septiembre de 1864 Castillo fue llamado por el gobierno de Santiago y el 26 de noviembre siguiente fue nombrado jefe de la línea del Sur donde la situación era bastante crítica, a consecuencia de la derrota provocada por la embestida española de finales del año anterior. Florentino, jefe superior de las fuerzas nacionales, había muerto asesinado por un subalterno y hombre de su confianza; Juan de Jesús Salcedo, que había asumido la jefatura, había creado una situación cercana a la anarquía, por lo cual mucha gente sentía rechazo hacia el movimiento Restaurador. El prócer Mella, que había sido enviado a remediar la situación, no pudo hacer gran cosa porque enfermó de gravedad y tuvo que regresar trabajosamente a Santiago, donde murió poco después. Permaneció Castillo durante cuatro meses en su puesto de general en jefe de la región Sur, con positivos resultados para la causa, hasta que fue reemplazado por el general José María Cabral, que había regresado del exterior en junio de 1864 a sumarse a la lucha patriótica. Castillo regresó a su pueblo natal, donde siguió su labor patriótica, hasta ser enviado a Boyá, como jefe de la línea del Este, en unión del general Eusebio Manzueta. Peleó también en San Cristóbal, Baní y los alrededores de la Capital, ciudad a la cual entró con las tropas de Cabral. Estuvo al lado de Cabral, como Ministro de lo Interior, en el Protectorado y más adelante fue diputado al Congreso Nacional. Cuando se enteró de las gestiones que promovía Cabral para negociar con Estados Unidos la venta de la bahía de Samaná, Castillo, junto a Melitón Valverde, Juan Bautista Zafra y Manuel Rodríguez Objío, levantó su voz de protesta y envió constancia escrita de esa actitud a los cónsules de otros países que residían entonces en la Capital. Finalizada la guerra patria, Manuel María Castillo se mantuvo esencialmente fiel a su decoroso pasado de soldado de la Restauración. Se opuso resueltamente a la dictadura de los Seis Años y los proyectos anexionistas de Báez, a consecuencia de lo cual sufrió persecución y probó el trago amargo del destierro. Reclamado por los distintos gobiernos, aceptó funciones públicas como la de Gobernador y luego Delegado del gobierno de Lilís, en el distrito de Pacificador, que fue el nombre que, en un acto de adulonería al dictador de turno, y en referencia a la pacificación que este había impuesto a puro terror, se le asignó oficialmente a San Francisco de Macorís. Promovió el progreso de su región como pocos, y a su nombre y sus esfuerzos progresistas están unidas importantes obras de carácter material y social. En el 1916 cayó sobre el país el oprobio de la ocupación de las tropas norteamericanas. Ante ese hecho brutal, el general Manuel María Castillo supo probar que su patriotismo seguía invariable y fresco a pesar de los años y para cerrar con broche de oro su vida de buen dominicano, se opuso a aquel acto bochornoso. En 1920 empezaron a formarse las juntas nacionalistas por diferentes puntos del país y le correspondió a Manuel María Castillo, soldado de la Restauración, el mérito histórico de encabezar la primera Junta Nacionalista de su pueblo, que fue la primera que se formó en la región del Cibao, para luchar por la evacuación pura y simple de la Patria. Murió un año después, con el dolor de dejar su tierra pisoteada por tropas extranjeras. |
