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Manuel Rodríguez (El Chivo)De Enciclopedia Virtual DominicanaControversial personaje de la Guerra de Restauración, nacido en Santiago en el año 1833. Le apodaban El Chivo por la costumbre que tenía desde pequeño de darle cabezadas a los que peleaban con él. Fue soldado en las guerras de la Independencia y se distinguió por su valor en la batalla de Sabana Larga, registrada el 24 de enero de 1856. Cuando estalló la Guerra de Restauración, planeó junto a Santiago Sosa y otros oficiales patriotas el pronunciamiento de Moca. El asalto a la plaza se inició a las diez de la mañana del 30 de agosto de 1863; cuando les fue imposible mantener la resistencia en la fortaleza, los españoles se retiraron a la iglesia y con la ciudad incendiada, tuvieron que rendirse a las tres de la tarde, tras de haber perdido la tercera parte de sus tropas. El Chivo, que tenía entonces rango de coronel, pasó a combatir en la batalla de Santiago y allí llevó consigo los métodos propios de su violenta personalidad. Peleaba con encomiable valentía y no reparaba en los riesgos en medio del combate. Estaba en el cantón de Los Chachases y su único freno era la autoridad del general Luperón, por quien El Chivo sentía una admiración y un respeto casi religioso. Cuando Buceta y sus socios que estaban sitiados en la fortaleza San Luis enviaron al padre Charboneau y a un oficial español con una propuesta de negociación, hubo que contener a El Chivo para que no linchara al oficial y también al sacerdote; igualmente intentó rematar a los heridos españoles internos en la iglesia mayor de la ciudad, que los restauradores convirtieron en hospital. Persiguió a los españoles cuando desde Santiago se retiraban en derrota hacia Puerto Plata. Lo hirieron en un combate librado en la Cuesta de Rafael y acabó de curarse peleando en los frentes de batalla. Después de la liberación de Santiago, se opuso a la elección de Salcedo como presidente. En octubre se le trasladó a Puerto Plata. Operó en el campamento general de Las Jabillas y en el de Maluis, hasta que el 9 de noviembre fue despachado hacia Cotuí y Cevicos para que se pusiera a disposición del presidente Salcedo, quien andaba de campaña por los cantones del Este. Allá chocó el presidente con los actos de indisciplina y la desobediencia de El Chivo y tuvo el mismo Luperón que someter a Rodríguez a la obediencia y arrestarlo en enero de 1864. Fue trasladado en ese mismo mes al campamento de El Duro, Monte Cristi, para de ahí volver a Moca, esta vez como Comandante de Armas de esa común, hasta el 25 de enero de 1865. En una ocasión prestó servicios en el campamento de la sabana de San Pedro, en el Este, con Pimentel como jefe. Pimentel fue herido accidentalmente por un compañero de armas, debidos guardar reposo y a quien designaron como sustituto fue a El Chivo. Las consecuencias no tardaron en sentirse y empezó a ganar cuerpo la descomposición moral entre las tropas. El general Luperón se refiere a ese episodio y enjuicia a El chivo como comandante: Si es verdad que era un valiente, no tenía la moralidad, ni la capacidad necesarias para dirigir un campamento, pues además de ser un jugador de azar con los soldados, se iba hasta el Cotuí, a pasar días con mujeres, dejando el cantón a cargo de oficiales menos competentes que él. Después de la expulsión de los españoles en julio de 1865, siguió El Chivo sus escandalosas andanzas. El radicalismo con que combatía a los ocupantes lo dirigió contra sus rivales en la política local y muchas veces contra la población civil. Era un rotundo opositor a Báez y al Partido Rojo que este caudillo encabezaba, y contra los militantes de esa fuerza antinacional usaba los más duros procedimientos. Se sublevó contra diversos gobiernos. En una ocasión se alzó contra Cabral en Moca, y tomó como bandera el nombre de Luperón, a quien proclamó sin consultarlo Protector y Dictador de la República. El mismo Luperón marchó sobre Moca y sofocó el levantamiento. Estaba el general Cabral de nuevo en el poder y recibió una carta fechada a 28 de febrero de 1867, suscrita por un considerable grupo de personas notables de Moca, que pedían al gobierno ponerle freno a las tropelías y los desmanes de El Chivo. Monstruo, asesino, incendiario, prostituto, famoso salteador, hombre infernal, bárbaro y maldito… El genio delmal, no le iguala; el parricida Nerón con sus demás crueldades, no le compite, decían algunos apartes de la tórrida protesta. Poco después decidió el presidente Cabral viajar por el Cibao y ordenó al general Eusebio Manzueta apresar a El Chivo y mandarlo a encerrar a la Torre del Homenaje en la Capital. Así se hizo, pero El Chivo se escapó y huyó al Cibao. Fue reapresado en Cotuí, trasladado a La Vega y, por orden del Ministro de la Guerra, el Delegado del Gobierno con asiento en esa ciudad, José del Carmen Reynoso, dispuso la ejecución sumaria del rocambolesco personaje. La única voz que se levantó en protesta fue la del general Gregorio Luperón, quien, en carta fechada a 15 de junio de 1867, en la ciudad de Puerto Plata y dirigida al presidente Cabral, hizo manifiesta su sentida indignación. El Gral. Rodríguez (Q.E.P.D.) dice el prócer, era del escaso número de los Restauradores de la Patria, prohombre de la Libertad de su País, y tan esforzado como el primero en la lucha que dio por resultado la reivindicación de nuestros derechos. Es verdad que carecía de civilización, pero este es más bien un defecto de nuestra sociedad o mejor dicho de todas las sociedades nacientes… La falta de buenos ejemplos que imitar, producen la aparición de esas figuras como la del Gral. Rodríguez, que mancillan sus nombres con hechos indignos de ellos mismos, añadió Luperón, en un esfuerzo por darle explicación sociológica a la conducta de su apasionado seguidor y amigo. En su protesta, el general Luperón le echa en cara al presidente Cabral el obsequio que se les había hecho a los españoles con esa ejecución. Los españoles están de enhorabuena, dice con amargura Luperón, y no le faltaba razón porque para ellos, y según Ramón González Tablas, El Chivo era un mulato alto y feo y de alma muy atravesada, y según De la Gándara, era un infame asesino y vulgar ladrón. El general Luperón no podía eludirlo y se veía obligado a admitir que El Chivo cometía fechorías indignas de un hombre público, pero consideraba que …puestos sus deslices y sus buenas obras en la balanza de la justicia, esta debió inclinar el segundo platillo. Así lo consideró el insigne prócer, en medio de la dolorosa indignación que le produjo el fusilamiento de aquel trágico y discutido soldado al que, con pluma apasionada y ostensible tinte de tristeza Luperón definiera como el desgraciado general Manuel Rodríguez… |