Monumentos Indígenas - Enciclopedia Virtual Dominicana

Monumentos Indígenas

De Enciclopedia Virtual Dominicana

Contenido

El Pozo de Hunzahúa (El Pozo de Donato)

Uno de los lugares sagrados de los Chibchas en Tunja y que hoy es supervivencia de nuestro pueblo aborigen, es el POZO DE HUNZAHUA, llamado también POZO DE DONATO, nombre que recibió en la época colonial como recuerdo del fracaso del intento de desagüe que hizo el capitán español Jerónimo Donato de Rojas en el siglo XVII.

Este lugar fue sagrado para los Muiscas por el culto que le rendían a las lagunas; por haber surgido mitológicamente de los amores incestuosos de Hunzahúa, el primer Zaque de Tunja, con su hermana; por haberse construido en sus tierras aledañas el Templo de Goranchacha en honor al Sol; y un lugar histórico que recuerda el tesoro de Quemuenchatocha en la conquista hispánica de Tunja.

Es una pequeña laguna con fuentes freáticas, cuyas aguas corren profundas en el subsuelo de Tunja y cuyos orígenes primigenios se pierden en el tiempo y en las supervivencias míticas y arqueológicas. Se encuentra localizada hacia el norte de la ciudad de Tunja, en los predios de la Universidad.

El Mito de Hunzahúa y el nacimiento del Pozo de Donato

De acuerdo con las tradiciones muiscas. el primer Zaque de Tunja fue HUNZAHÚA, quien se distinguió por su gobierno fuerte, el cual fue temido por ros súbditos.

Cuenta la tradición mitológica que Hunzahúa se enamoró de su hermana, haciéndose caso omiso del incesto, que era prohibido entre los Chibchas. Buscando algodón para las telas y arcilla para la cerámica, los hermanos viajaron a Chipatae en donde en arrebato de amor incestuoso se hicieron esposos.

La cacica madre al tener conocimiento del grave pecado de los dos hermanos, quiso castigar a su hija con la "sana" o sea el palo para revolver la chicha, pero la hija enamorada dio vueltas en torno a la vasija con gran facilidad.

En un arranque de ira, la cacica madre lanzó la sana y rompió la múcura llena de chicha, la cual se fue regando abundantemente para formar un gran pozo, el que es llamado actualmente en Tunja, "Pozo de Hunzahúa".

Cuando Hunzahúa bajó de los Cojines del Zaque, después de su ceremonia matinal en homenaje al Sol, encontró en su cercado la triste realidad de su pecado y en sus alrededores una muchedumbre que protestaba contra los incestuosos hermanos.

Los hermanos enamorados decidieron dejar definitivamente a Tunja y no sabiendo por dónde mejor guiarse, Hunzahúa arrojó una tiradera al aire que les señaló el camino hasta Susa. Allí la hermana incestuosa tuvo un niño que se convirtió en piedra y fue dejado en una cueva.

Siguiendo la guía de la tiradera llegaron a las tierras de Bacatá y pasaron por debajo del Salto del Tequendama, en donde cansados y desilusionados determinaron convertirse en dos piedras que hoy están en la mitad del río.

El Tesoro de Quemuenchatocha

El Pozo de Hunzahúa es recordado también, como el lugar en donde el Zaque Quemuenchatocha escondió sus tesoros, ocultándose del afán de oro de los conquistadores españoles.

El Zaque mandó echar su gran tesoro de oro y esmeraldas en el Pozo de Hunzahúa, llevados en petacas de mano en mano de centenares de aborígenes, desde el cercado de Quimuinza (actualmente Convento de San Agustín), hasta la laguna sagrada.

De acuerdo con las tradiciones indígenas, la mayor parte del tesoro quedó en el fondo de la laguna, que hidrográfica y geológicamente es una fuente freática.

En busca del tesoro de Quemuenchatocha se hicieron varios intentos de desecamiento de la laguna. Uno de ellos lo hizo don Jerónimo Donato de Rojas en el siglo XVII y cuentan las tradiciones que gastó consiaerables sumas de dinero y puso muchos obreros sin alcanzar ningún resultado favorable; los tunjanos le dieron el nombre de POZO DE DONATO.

Dicen los tunjanos Que cuando una deuda no se paga en Tunja, "Cayó al POZO DE DONATO", es decir, se perdió para siempre.

También narra la leyenda tunjana que en el fondo del Pozo hay una larga viga de oro tendida horizontalmente por debajo de la tierra desde el lago hasta la Catearal de Tunja; si se dan fuertes golpes con un pesado martillo sobre la viga, al momento tiembla en la Catedral.

Los Cojines del Zaque

Uno de los adoratorios solares de los Muiscas o Chibchas en el Altiplano Cundiboyacense fueron los Cojines del Zaque o de Tunja, los mismos que los españoles llamaron Cojines del Diablo por su relación con el ritual religioso. Este monumento indígena se localiza en el Occidente de la ciudad de Tunja, al iniciarse el Alto de San Lázaro o "Loma de los Ahorcados" y cerca de la vía que va a Villa de Leyva.

Los Cojines del Zaque son dos piedras en forma circular, talladas en una roca de gran dimensión por los indios Chibchas.

Este monumento era un adoratorio solar en donde todos los días en las horas de la madrugada, el Zaque o Cacique de Hunza junto con los jeques o sacerdotes Muiscas y numerosos indígenas se concentraban para adorar al SOL el astro rey y esperar su salida por el Oriente con gran veneración.

Desde allí, Los Muiscas observaban los astros, se orientaban en relación con el sol e interpretaban el orden en la naturaleza con especial interés hacia las siembras y las cosechas.

El mito de los dos caciques

Según las creencias indígenas de estas tierras en el principio del mundo todo se encontraba en completa oscuridad y solamente existían dos caciques: El de Sogamoso o Iraka y su sobrino el Cacique Ramiriquí.

Para poblar la tierra determinaron hacer todas las personas: a los hombres de tierra amarilla y a las mujeres de hierbas y tallos huecos y verdes.

Como todo era oscuridad el cacique de Sogamoso ordenó a su sobrino que subiera al cielo y se convirtiera en SOL para alumbrar al mundo, lo cual hizo. Sin embargo como esa luz no bastaba para alumbrar la noche el mismo cacique Sogamoso se convirtió en LUNA y en su conmemoración solar y lunar, los Muiscas celebran anualmente la Fiesta del Huán.

El rito solar en los cojines

Todas las madrugadas el Zaque de Hunza era llevado a los Cojines en lujosas andas. rodeado de los Jeques e Indígenas y de numerosos músicos que amenizaban el recorrido con música y ritmos al son de flautas, fotutos, pitos, trompetas, caracoles y tambores.

Desde el cercado de Quimuinza en donde se encontraba el gran bohío o Palacio del Zaque (hoy Convento de San Agustín y Parque Pinzón), seguía la procesión religiosa para dar la bienvenida al astro rey utilizando una gran calzada de piedra o avenida Que terminaba precisamente en los Cojines del Zaque.

Cuando salía el SOL en el firmamento por el Oriente en línea hacia Ramiriquí el Zaque de Hunza se arrodillaba en las dos piedras sagradas y oraba en común unión con los sacerdotes muiscas y con las gentes devotas de la divinidad solar.

Los aborígenes oraban, cantaban. danzaban y en algunos días especiales hacían los sacrificios de Los Moxas, que eran niños de 12 años consagrados al sol, a quienes se les sacaba el corazón como una ofrenda sagrada a Xué o Zuhé el astro rey; con su sangre se rociaba n las piedras sagradas de los Cojines del Zaque. La selección Que se hacía entre los niños para ser consagrados como "moxas" se convirtió en un sello de gran dignidad y de apetencia de los candidatos.

La fiesta de las siembras y las cosechas

En los Cojines del Zaque y en las piedras pintadas Tras del Alto, Los Muiscas celebraban las fiestas rituales de las siembras en marzo y de las cosechas en septiembre y hacían ritos especiales de la fertilidad para atraer la bendición de los dioses.

En estas fiestas los indígenas bailaban en grupo, asidos todos de las manos, llevando el compás con los pies y cantando al son de flautas y fotutos. Tenían en medio las múcuras de chicha de donde algunas mujeres que estaban dentro del corro, no se descuidaban de darles de beber.

La Loma de los Ahorcados o Alto de San Lazaro

La romería al Alto de San Lázaro se celebra el primer domingo de septiembre y además en el mes de diciembre. Los promeseros ascienden la colina de la Loma de los Ahorcados o Alto de San Lázaro. Allí pagan sus mandas a San Lázaro y a la Virgen de Chiquinquira, consistentes en salves y misas y hacen la romería y fiestas religiosas con solemne procesión.

Terminada la promesa, los campesinos salen de la ermita de San Lázaro y se encaminan a tomar chicha y a comerse los sabrosos piquetes.

En las horas de la tarde, los campesinos descienden del Alto de San Lázaro y emigran a sus ranchos.

Es costumbre de los tunjanos, el decir que cuando los indios bajan de San Lázaro, "se llevan el frío en los pies", lo cual signifíca que a partir de esa época, se inicia en Tunja una moderación de la temperatura rígida que azota los meses de julio y agosto en el crudo invierno.

Hay que tener en cuenta también, que en el mes de septiembre los indios chibchas de T unja celebran la Fiesta de la cosecha y hacían la ceremonia propiciatoria y el sacrificio de los moxas en las famosas piedras de Tras del Alto por la vía de la Loma de los Ahorcados o Alto de San Lázaro.

El 7 de agosto de 1819, en las primeras horas de la mañana, el Libertador Simón Bolívar con su estado mayor, observó con sus anteojos de campaña, la vía que seguían las tropas españolas, comandadas por el Coronel José María Barreiro.

Desde el Alto de San Lázaro, el Libertador enrutó al Ejército Libertador para su triunfo definitivo que culminó en la Batalla del Puente de Boyacá.

Con esta Batalla, la más importante en el área septentrional de Suramérica, se facilitó el desarrollo de las Campañas de Venezuela, Quito, Perú y Alto Perú, que llevaron a la independencia definitiva de las colonias americanas en relación con la metrópoli. En ésta, la importancia del Alto de San Lázaro en la consolidación de la Libertad y la Independencia de Colombia.

En el siglo XIX, se recuerdan también las tomas militares de Tunja en las Guerras civiles, como la que ocurrió en el año 1861, cuando el General Leonardo Canal se tomó a Tunja desde el Alto de San Lázaro, en la llamada Guerra de la Semana Santa.

JUSTICIA y LIBERTAD son dos valores y fuerzas espirituales que se unen en el Alto de San Lázaro a través de la Historia.

El Monumento de la Raza Indígena

En la glorieta del Norte de la ciudad de Tunja, en donde se bifurcan las vías para Sogamoso y Bucaramanga, se localiza el monumento a la Raza Indígena, con el cual se recuerda el sacrificio de Aquimín, el último Zaque de Tunja. Según los cronistas indianos, Aquiminzaque sucedió a Quemuenchatocha en el Cacicato del Zaque de Tunja.

Los españoles hostigaban constantemente a Quemuenchatocha para que les entregara todos sus tesoros. Ante ello, el Zaque siempre hizo resistencia de silencio, pues rara vez respondía a las preguntas que le hacían; siempre el silencio ante los halagos o los rigores.

En una ocasión Quemuenchatocha dijo a los invasores: "Mi cuerpo está en vuestro poder, disponed a vuestro antojo, pero en mi voluntad mando yo".

El Zaque murió en Suesca, lleno de tristez¡ y silencio, ante la poca ayuda de los Hunzas, quienes no lo defendieron e los días de la mayor violencia en la conquista.

Los españoles nombraron a Aquimín, sobrino de Quemuenchatoch para que lo sucediera en el Zaquezasgo, y como era necesario un descendiente, los Hunzas consideraban muy importante buscar la esposa apropiada y realizar el matrimonio lo más pronto posible. La mujer escogida fue la hija del Cacique de Gámeza.

La noticia del matrimonio fue muy acogida por todos los Hunzas y los cacicatos vecinos; y para su celebración se hicieron grandes preparatos, varias comisiones de pueblos vecinos se trasladaron a Tunja.

Los españoles pensaron que se estaba preparando una insurrección indígena; pues se estaban presentando varias rebeliones contra los conquistadores; entre ellas, las de los indios muzos, sutas, saboyaes, motilones, panches y otros.

El problema principal era la escasez de las armas para afrontar la gran sublevación que se creía iba a ocurrir, como la que acaeció en México con Hernán Cortés en la llamada "Noche Triste".

El conquistador Hernán Pérez de Quesada y los miembros de la Hueste hispánica, decidieron eliminar a los caciques indígenas, posibles autores de la insurrección aborigen, según ellos era indispensa hacer justicia contra los subversivos indígenas, y dar él escarmiento para los conquistadores.

La decapitación de Aquiminzaquey sus caciques amigos se decretó en el año 1540 en la plaza mayor de Tunja, ante la picota, símbolo de la justicia hispánica.

El conquistador Hernán Pérez de Quesada envió a sus capitanes para que comunicaran al Zaque ,Aquimín sobre la última decisión. Con tranquilidad, el último Zaque de Tunja dijo a los emisarios:

"Dí a vuestro general, que le debo el gran valor de quitarme de una vez y para siempre una vida que diariamente me quitaba; y puesto que me hizo cristiano al robarme el poder temporal, no apresure tanto la muerte, ya que lo eterno nunca podrá robármelo". Y con una sonrisa de ironía despidió a los enviados que le trajeron la noticia de su muerte próxima.

Al día siguiente, en la plaza de Tunja, en presencia de todo el pueblo muisca y de los conquistadores españoles fueron decapitados Aquimín, el último Zaque de Tunja y los caciques de Toca, Samacá, Turmequé Suta y Boyacá, y otros indígenas. A otros caciques e indígenas se les dio tormento.

Así fue decapitado el último Zaque de Tunja con sus compañeros caciques muiscas. El pueblo muisca de Tunja calló ante este sacrificio; fue el silencio de la raza derrotada ante la conquista española.

como un homenaje a Aquimín, el último Zaque de Tunja, fue realizado por el escultor zipaquireño Don Miguel Sopó Duque en el año 1964.

Consta de las siguientes figuras: un hombre caído que simboliza el Cacique Aquiminzaque¡ una mujer de pie que simboliza la sangre aborigen, representada en Adeizagá, la hija del Cacique de Gámeza, la prometida para su matrimonio en Tunja.

Esta página fue modificada por última vez el 15:11, 8 ago 2008. Esta página ha sido visitada 4.315 veces.