Nuestra Historia - Enciclopedia Virtual Dominicana

Nuestra Historia

De Enciclopedia Virtual Dominicana

Por más de treinta siglos las islas del Caribe estuvieron poblándose con gentes llegadas en canoa desde América del Sur. A la llegada de Cristóbal Colón, a finales del siglo XV, estos pueblos habían desarrollado una civilización agrícola en las Antillas, conocida hoy como la cultura taína.

Sociedades sedentarias, neolíticas, de pescadores, agricultores y recolectores, las tribus taínas alcanzaron su más alto desarrollo en la isla de Santo Domingo. Aquí su población nunca sobrepasó el medio millón de personas que, bajo el impacto de la conquista española, desaparecieron totalmente.

Tras ese primer choque de razas y cultura, la isla entera se hispanizó. Santo Domingo funcionó durante varias décadas como el centro administrativo del Nuevo Mundo, hasta que la plata de México y Perú atrajo la atención de los españoles hacia el Continente.

Al principio, la economía de la isla se sostenía con el oro que extraían los indios de las minas, pero ya en 1520 las minas se habían agotado. El azúcar entonces probó ser un buen negocio. Se abrieron plantaciones de caña y se construyeron los primeros ingenios. Para sustituir a los indios moribundos se importaron esclavos negros desde Africa.

La mayoría de los edificios coloniales de Santo Domingo se construyeron con mano de obra indígena y negra, mientras el oro y el azúcar ofrecían prosperidad a la colonia. Pero esa prosperidad apenas duró unas tres generaciones, y para fines del siglo XVI Santo Domingo había quedado marginado de las rutas de la navegación transatlántica. Los ingenios de azúcar decayeron por falta de ventas y los vecinos tuvieron que refugiarse en la crianza de ganado para poder subsistir.

Santo Domingo quedó entonces reducida a una pequeña plaza militar que cuidaba un territorio despoblado en el cual enormes manadas de ganado salvaje llenaban las praderas y los bosques e incitaban la codicia de nuevos aventureros. Corsarios, bucaneros y filibusteros que rondaban las aguas del Caribe durante el siglo XVII, terminaron apropiándose de las tierras del norte y del oeste de la isla.

Al comenzar el siglo XVIII ya Francia dominaba todo el oeste de la isla y comenzaba a instalar allí una colonia de plantaciones azucareras basadas en el trabajo esclavo con negros africanos. Así surgió Haiti.

Santo Domingo mantuvo su economía pastoral y poco a poco la vida dominicana adquirió sus propios matices de sociedad criolla. Los amos y los esclavos quedaron confundidos en una misma pobreza que favoreció la convivencia sexual y borró las distancias sociales. Así nació la nación dominicana, de razas mezcladas, raíces hispánicas, rasgos africanos y religión católica. En esos oscuros siglos coloniales, la población dominicana se encerró sobre sí misma. El mar quedó casi olvidado y las costas definitivamente despobladas.

En la segunda mitad del siglo XVIII hubo un cierto reavivamiento económico al desarrollarse el comercio de ganado con la parte francesa. Santo Domingo volvió a prosperar y se construyeron ingenios de azúcar y nuevos edificios coloniales. Los pueblos del interior, entretanto, quedaron abandonados, y de ellos sólo quedan los rotos rompecabezas de ruinas quebradas para siempre. Nuevos poblados con casas de madera y de paja surgieron no lejos de esas ruinas.

La vida colonial dominicana siguió inalterable hasta que la Revolución Francesa de 1789 hizo explotar una rebelión de esclavos en la parte occidental. Durante 30 años toda la isla quedó envuelta en una cadena de revoluciones, guerras, invasiones militares, emigraciones, decadencia y violencia.

Santo Domingo perdió más de dos tercios de su población. Los antiguos esclavos franceses proclamaron la independencia de Haití en 1804 y se convirtieron en una fuerza militar imponente que aprovechó una crisis política en 1822 para invadir la antigua colonia española y dominarla durante 22 años.

Un golpe de estado puso fin a la dominación haitiana en febrero de 1844 y sirvió para proclamar la independencia de la República Dominicana. A partir de entonces, la nación se recuperó. La exportación de caoba y de tabaco financió la economía dominicana durante la segunda mitad del siglo XIX, hasta el surgimiento de la industria azucarera moderna y la apertura de grandes plantaciones de café y de cacao en las tierras húmedas del país a partir de 1880.

Con estos nuevos productos, la República experimentó un notable auge comercial a principios del siglo XX. Crecieron las ciudades, surgieron nuevos pueblos. Se abrieron carreteras y canales de riego. Se amplió la agricultura y se empezó a desarrollar el mercado interno.

La gran crisis mundial de 1929 detuvo momentáneamente este proceso pues la caída de los precios de las exportaciones impidió seguir financiando el comercio. Esto obligó al gobierno a fomentar la creación de nuevas industrias de sustitución de importaciones que se vieron favorecidas por la escasez de manufacturas extranjeras durante la Segunda Guerra Mundial.

Nuevas plantas industriales surgieron en la ciudad de Santo Domingo atrayendo trabajadores de todas partes, cuya migración del campo a la ciudad fue favorecida por las nuevas carreteras. Creció la población rápidamente, y en menos de 50 años la capital multiplicó su población casi 100 veces, quedando convertida en una ciudad de más de 2.5 millones de habitantes.

En menos de dos generaciones, la República Dominicana se ha transformado y se han derrumbado muchas de las antiguas estructuras sociales tradicionales. Muchos campesinos han perdido sus tierras y han pasado a formar parte del proletariado urbano. Han surgido una nueva clase media y una clase obrera. Se ha intensificado la migración a las ciudades y la emigración al extranjero. Ahora hay miles de escuelas y más de una docena de universidades, cientos de clínicas y hospitales.

Lo más notable de la nación dominicana es que está tratando de desarrollar aceleradamente el país manteniendo las libertades democráticas. En menos de veinte años, la República Dominicana pasó de ser una de las más fuertes tiranías a ser una de las democracias funcionales de América Latina. El proceso no ha sido fácil. Los conflictos no han estado ausentes, pero por encima de todo los dominicanos están unidos en el consenso de vivir en libertad al tiempo que construyen su economía. (Frank Moya Pons)

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