De Enciclopedia Virtual Dominicana
Roque Antonio Adames Rodríguez nació en Gurabo de Jánico, el 9 de noviembre de 1928, hijo único de Francisco Antonio Adames Ureña y María del Carmen Rodríguez.
La historia de los Ureña, dueños de fundos que después fueron de los Adames y de los que el obispo heredó "un pedazo", es de héroes ya reconocidos y consagrados en los libros. Es de un guerrillero ermitaño que sembró cultura entre los campesinos y del que Adames heredó, además de una ironía de la que tiene que "medirse", el amor por el estudio y la vida en soledad. En su juventud, Adames Rodríguez quiso ser sacerdote Benedictino para llevar una existencia en orden de estudio y liturgia, poco contemplativa.
"Mi bisabuelo, José Ramón Ureña, es quien entrega la fortaleza San Luis cuando vienen las tropas españolas de Cuba, después de la Anexión. El se retira y cuando viene el levantamiento nacional contra las fuerzas de ocupación españolas, él se declara en guerrilla en la Cordillera Central. Al retirarse los españoles, porque fue una guerra ciega en cuanto al desenlace, entonces él no quiso regresar a España, se quedó en un lugar que se llama Las Placetas, en plena cordillera y ahí pasó dos años, en una vida de ermitaño".
Se apropió de toda esa zona, agrega Monseñor, "que pasó a la familia nuestra y ahí mi familia tenía el fundo de los Ureña y después el fundo de los Adames al casar mi abuelo paterno con una hija de José Ramón Ureña. De ahí vino la ganadería de mi familia y mi vinculación con la tierra".
Reclinado en su butaca como un patriarca, confiesa con cierto dejo de orgullo: "yo heredé de mi abuelo una pasión por lo intelectual. El se siguió escribiendo con una amigo teniente, español, y en una obra que publicaron los Bibliófilos están ahí reproducidas las cartas, unas cartas realmente extraordinarias, era un hombre cultivado, incluso, donde él vivió, que se llama Guama, un campo de San José de las Matas –vivió y murió, de un derrame cerebral, precisamente –, ahí se creó una tradición de cultura, de cultivo, entre los campesinos".
Esa herencia intelectual fue manifestándose desde los primeros años de edad, antes de ingresar al seminario. "Yo no leía todo lo que encontraba, leía hasta los devocionarios de mi mamá, y tuve la particularidad de que siempre he sido amigo de gentes mayores que yo, y como de seis, siete u ocho años, era muy amigo, en Jánico, de un nieto de Fernando Valerio que me guardaba todos los periódicos que llegaban y que él recibía…"
En su infancia, entonces, sólo leyó y estudió. Su papá no le permitió trabajar la tierra. Así que, después de la primaria en Jánico, fue al Santo Cerro, "había allí un preseminario e hice cinco años de humanidades con los jesuítas", con gran desencanto del progenitor y de una tía que querían que él fuera médico o abogado.
El joven apreciaba que el sacerdocio, entonces, estaba "muy realizado", sobre todo con la presencia en el país de los sacerdotes canadienses.
La Catequesis
De Santiago partió la idea, también, de la renovación de la catequesis. Monseñor Adames fundó en 1967 el Instituto Catequístico San Carlos Borromeo. Envió sacerdotes y religiosas a Colombia y a Chile a especializarse "y ellos comenzaron a organizar sus cursos en cuatro etapas, en una semana muy intensa, a régimen interno, eso renovó la catequesis en la diócesis".
Era el único en el país, y a la localidad acudían interesados de toda la República, enviados por párrocos, "y ese fue el origen de que se fundasen en Santo Domingo, San Juan de la Maguana, La Vega, institutos que ya están diseminados en todo el país, ha sido un impulso transformador".
Camino
En 1958, cuando regresó al país procedente de Roma, al Padre Adames se le asignó la función de poner al día, en Santo Domingo, el Boletín Eclesiástico. Cuando concluyó, fue enviado a la iglesia San Antonio, en Gazcue, como Cooperador, y luego, al ser nombrado obispo monseñor Pepén, él pasó a dirigir un semanario que se llamaba "Fides", "malísimo como calidad", del cual era director, redactor, corrector de prueba, jefe de redacción y mensajero.
Esa experiencia le sirvió a Adames sobremanera para lanzarse a la tarea de editar otro semanario, "Camino", que surgiría, "si mal no me acuerdo, en el 79. Parimos de cero, de manera que fue una cosa que hoy día yo no la podría hacer".
Plaza de la cultura
La Plaza de la Cultura de Santiago, que construye el Gobierno de Joaquín Balaguer a sugerencia del obispo Adames, nació "por una razón sociológica".
Santiago, explica Monseñor, "era un vecindario que se caracterizaba por la cohesión, y como cuerpo sociológico, una ciudad con un sabor, unas características muy especiales", pero, desde hace unos años, "ha habido un mundo de construcciones, sobre todo por dinero que viene de Estados Unidos, y ha comenzado a dispersarse Santiago. Esta dispersión lleva a que no se encuentre Santiago; los Cerros de Gurabo, por ejemplo, tiene su supermercado, tienen su cine cerca, y entonces se va a producir como se produjo en Santo Domingo, parece que aquí con más ímpetu todavía".
Su deseo fue, entonces, mantener el centro de la ciudad con atractivo muy especiales "y se me ocurrió sugerirle al Presidente, que lo acogió muy favorablemente", la creación de la Plaza de la Cultura.
Para Adames, no se trata de construir nada nuevo, sino dedicar las zonas existentes, "con poquísimos uso" a museos, "a bunas academias".
Plan Sierra
Decir monseñor Adames es lo mismo que mencionar el Plan Sierra. En su obra más conocida, aunque la más combatida y, para él, "la más discutida".
Pese a que la larga conversación lo agota, no puede obviarse este trabajo de las penas y los pinos, de las satisfacciones y los disgustos del obispo, fruto, también, de otra visita pastoral a San José de las Matas, en 1967.
"Estaban clausurándose los aserraderos, la situación era horrible, de hambre, de destrucción de la sierra. Tú sabes que los aserraderos eran la industria que ele daban vida al pueblo campesino de la Sierra, en una forma u otra. Eran la zona franca para los empleos. Uno exponía los problemas en la Presidencia y tomaban medidas: mandaban comida, frazadas, pero eso no resolvía, entonces con don Luis Crouch, que es un hombre benemérito, comenzamos a analizar ese problema, había que buscarle una salida permanente, y ahí surgió el Plan Sierra".
Lo que sigue es bien conocido. Por alguna razón, buena o mala, casi a diario ha habido una nota en la prensa sobre esta labor hermosa y valiosa del obispo Adames.
Parece demasiado contar para un hombre que apenas acaba de cumplir 63 años. Pero es así su obra: grande, valiosa y extendida. Monseñor, ya cansado, cambia posiciones en su mecedora que, por orden natural, debe ser serrana.
Pero es que su labor es amplia. Esa capacidad limitada de atención que es tal vez una excusa, un capricho para continuar encerrado en sí mismo, apartado del mundo después del mediodía, no se presenta. Y Adames no tiene más remedio que acceder tal vez violentándose interiormente, como lo hizo el día de su derrame cerebral, en una reunión del Plan Sierra, en la que debió soportar un rosario de "sandeces" de un participante. Por suerte, cuando la visión se fue perdiendo y los labios y la lengua se toma ron pesados, estuvo a su lado un medico, el doctor Frank Joseph Thomén.
Roque Adames se formó para profesor de Sagrada Escritura, que nunca ejerció, y entonces fue Secretario de monseñor Octavio Antonio Beras. Después paso a ser Pro-Vicario General y dedicaba las tardes y los sábados a la docencia en la UASD.